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El Rock en un Mundo Tóxico

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Paso la presentación del primer material solista del inquieto Rafo Grin, guitarrista que escucharon tocar blues, jazz y que ahora, lo escucharan rockear como pocos. Aquí fotos y algunas palabras de una memorable noche de música local.

Texto: Sergio “Bomba” Guzmán

Fotos: Marco Ragni

Que momento extraordinario que esta atravesando la música de acá. Que momento memorable el que se vivió la noche del 18 de julio en la Conrado Centro Cultural. Momentos indicados para que se empiece a valorar de verdad, lo que generan los artistas de acá. Que música indispensable la de Rafo Grin y “Los Mortales Pasajeros”.

Indispensable desde la perspectiva de que rescata viejos valores de un género que fue y es aún hoy, menospreciado por la industria discográfica y algunos de sus aliados, los medios de comunicación. Un género que nació como una herramienta para ir contra lo pre establecido, y no para enarbolar consumos. Un género en el cual la simpleza se valora más que las exageraciones. Un género que describe realidades. Un género cuyo sonido esencial corre peligro de extinción.

Un género al cual Rafo Grin decidió rescatar porque tenía esa profunda necesidad de volver a expresarse a través del Rock, sonido que lo cautivó hace más de veinte años. “Como Sobrevivir en un Mundo Tóxico” es el resultado de todas esas cosas que este músico deseaba exclamar.

Un compac disc, que llegó a las bateas de la zona en los primeros días de este mes, y que tuvo su debut sobre un escenario el sábado 18, en la mítica sala de la calle Irigoyen, lugar que fue colmado hasta agotar su capacidad por cientos de individuos que ansiaban el debut en vivo de estas composiciones.

Composiciones que empezaron a sonar después del debut de “Los Socios” tema instrumental que no se encuentran entre los once de la placa por haber surgido en los ensayos previos del show y que resultó, un homenaje a aquel memorable grupo conformado por el Flaco Spinetta, Bocón Torres y el Tuerto Wirtz, trío que estaría orgulloso del Groove logrado por Rafo y “Los Mortales Pasajeros”.

Pasajeros entre los que se encuentran Leo Toro en las cuatro cuerdas y Pablo Ramadori en la batería, dúo que conforma una base solida como pocas, a raíz de una química que no solo se escucha sino que además se observa.

“Nene Criticón” y “Ambición Voraz” fueron dos verdaderas piñas al mentón, desde lo musical y lo lirico. “Que Será del Mundo?” le abrió las puertas al versátil Pablo Macu Venegas, el primer invitado de la noche quien se apodero de los parches para desde ese lugar bajar un poco la intensidad con esta canción, para luego devolverle los palos a Ramadori quien empezó a moverlos con sutileza en la hipnótica y floydeana “Depredación Humana” que genero el clima ideal para recibir a “Blues del Final”, una profunda obra que no llego a ingresar en este debut discográfico, pero que si trae una rockera “Lo Mío Puede Esperar”.

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Como así también cuenta con una gema acústica llamada “Ali”, tema que Rafo dedica a la memoria de Alicia su vieja, y que le arranco una lagrima a más de uno de los que estaban presentes aquella noche a partir de la emocionante interpretación realizada por los invitados Ezequiel Díaz Baruj en la viola, el Negrito Gutierrez en la bata y el sorpresivo acordeón de Alejandro Toro.

Una lista de invitados que no terminó ahí, sino que tuvo lugar para dos laderos como José “Sharko” Contreras y Lulo Oyarzun quienes se calzaron la viola y el bajo respectivamente mientras que don Grin se instalaba detrás de los tambores para homenajear a “Gran Sifón” banda con la cual estos tres personajes salen a despeinar melenas reivindicando el rock de los años setenta.

Unos años setenta que son una clara influencia en la música ejecutada por estos Mortales Pasajeros, que realizaron una interpretación magnifica y sentida de “Una Casa con 10 Pinos” de Manal a la cual le siguió una bellísima “Alfil, Ella no Cambia Nada”, del inolvidable Luis Alberto y una demoledora “Caras en el Parque” del único e inigualable Norberto Aníbal Napolitano, que conto con Mariano Iglesias en la batería y Guille Troncoso en el bajo.

Doce hasta ese entonces habían sido la cantidad de temas interpretados por estos trabajadores del arte de combinar los sonidos, tipos que ejecutaron sus instrumentos con gran precisión técnica, y con una pasión difícil de poner en palabras, pero que cada uno de los presentes valoraron, aplaudiendo, lagrimeando, sonriendo, sacudiendo sus cuerpos o moviendo uno de sus dos pies.

Otros elevaron sus brebajes en alto, gesto rockero por antonomasia que no se regala, sino más bien se gana desde el escenario, y este trío se lo mereció de principio a fin. Un final en el cual sonaron “Busca tu Pasión” con Damián Duflós en la armónica, “Cara de Piedra” que posee el mejor riff de los últimos años, y “Siempre Estaré” una de esas canciones pegadizas, difíciles de olvidar.

Un show inobjetable y con un sonido inmejorable, se despidió aquella noche de julio en la cual se disfrutó de una música que condensa la esencia del rock argentino forjada por tipos como Pappo o Javier Martinez, con la exquisitez eterna del Flaco Spinetta y la contundencia de Mollo. Una música simple, pero de personalidad intensa. Una música que si se sostiene el tiempo, marcará una diferencia en este Mundo Tóxico.

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