Las discográficas no bajan la guardia
Martes, 07 de Julio de 2009 16:16    PDF Imprimir E-mail
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Europa es testigo y protagonista de la revolución cultural del nuevo milenio. En España, Francia y el Reino Unido se están librando las batallas fundacionales, esas que definirán en los próximos años si sigue existiendo o no la industria de la música tal como la conocemos hoy.

La última noticia al respecto, y la más sorprendente de todas, es el ofrecimiento de Universal Music y el proveedor de Internet Virgen Media para que los usuarios de la web en Gran Bretaña puedan bajar sin límite todos sus títulos musicales.

Es un nuevo manotazo de ahogado, pero muy diferente al resto. Esta vez la compañía decidió desregular la cantidad de descargas y cobrar un pago mensual extra a lo que habitualmente se abona por el servicio de banda ancha. La consigna es “primero pagás y después te bajás todo lo que quieras”.

Aunque queda claro que para las corporaciones el dinero sigue y seguirá siendo el motivo principal de su presencia entre nosotros, las alternativas son diferentes. En este caso en particular a las disqueras ya ni les preocupa lo que uno haga con los archivos por los que pagó una vez, lo que se convierte en una nueva apertura de puertas (tal vez una de las últimas) antes de plantearse el paradigma.

El proyecto comenzará a fines de este año y se trata, según las empresas, del primero de cooperación entre la industria musical y un servidor de Internet. Virgin Media quiere asociarse a otras discográficas también.

Una de las principales propuestas del gobierno británico pasa por emular lo que Nicolas Sarkozy no pudo en Francia. La nueva tendencia consiste en proponer bloquearle el servicio de Internet a quienes sean descubiertos “pirateando” pero con la particularidad de que deberán seguir pagando el servicio, a modo de “multa”.

El gobierno francés intentó legalizar esta modalidad. El proyecto fue aceptado en segunda instancia por la cámara baja y luego por mayoría en el Senado; pero el Consejo Constitucional le puso un freno a eso de “seguir cobrando el servicio de Internet luego de cortarselo al usuario”. Así se desmanteló el plan, al menos en el país galo.

En España es en donde se plantea uno de los procesos más emblemáticos de la industria cultural de nuestro tiempo. Pablo Soto, un pibe con muchísimo potencial para crear programas P2P (como el Ares o Emule, pero estrictamente españoles) es ajusticiado por “violar el copyright de las canciones que han sido descargadas desde los programas que él creó”. En la vereda de enfrente, y con un presupuesto impresionante en abogados para tratar de sentar un precedente ineludible, están las tres compañías discográficas más importantes del mundo. Su idea es multar a Soto por 13 millones de dólares y mostrarlo en la cárcel o al menos destrozado por semejante pecado.

De su lado, el joven Soto tuvo a un personaje fundamental en esta pelea de copyright, copyleft, P2P, descarga directa y derechos de los artistas. Se trata del abogado especializado David  Bravo, una eminencia en la materia que con apenas 31 años es actor principal en esta película que parece que va a tener varias secuelas en los próximos años.

La sentencia al joven español es inminente. Los jueces se interiorizaron lo suficiente como para no cometer papelones durante las audiencias, pero eso no garantiza una apertura desde la legalidad a este fenómeno incomprensible para el mercado como es “compartir la música”.

Pablo Soto se excusó. Su defensa plantea que son los mismos usuarios los que deciden qué archivos compartir y que eso escapa de sus posibilidades como programador. “La justicia no puede tomar decisiones sobre los adelantos de la tecnología, es algo con lo que no se puede enfrentar”, sostiene.

De cualquier manera Universal, Sony BMG y EMI quieren ver rodar su cabeza y que Europa se decida por la libertad del mercado para restringir. Quieren la prohibición como método y el castigo como solución definitiva.

Los medios ignoran las noticias, les restan importancia pero sólo hasta que la industria musical decida qué hacer ante esa muralla que se les viene encima.

De estas pequeñas historias, que implican millones de dólares y campañas de miedo a lo largo y ancho del planeta, se empezará a develar el panorama.

Los dejamos con un interesantísimo debate televisivo entre algunos representantes de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) y el abogado David Bravo sobre este tema.

 

 

 

Por Nicolás Bustamante