Nuestro infierno fue encantador
Jueves, 01 de Octubre de 2009 14:17    PDF Imprimir E-mail
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Ésta  crónica comenzó en el mismo momento en que me bajé del bondi después de haber viajado de Neuquén a Salta, es decir haber recorrido 2.089 km (4.178 km  ida y vuelta), para ver al gurú  argento cantar. A ese que llenó el estadio Martearena.

30.000 tituló El Tribuno de Salta en su edición del domingo 20 de Septiembre,  la cantidad de ricoteros que se movilizaron desde Ushuaia a la Quiaca, desde Berisso a Godoy Cruz. Los salteños no dudaron en decir que la cantidad de público había superado las 35.000, y sinceramente, y sacándome la capa de fan, me quedo con ésta última cifra.

¿Por qué arranco desde el final? Porque la famosa misa ricotera no es únicamente el recital. Es todo. Es la previa y la resaca. Es la que antes de la hora del convite une a todos en un mismo sentimiento: viajar; preparar los trapos; disfrutar del rock and roll; disfrutar de la amistad que los lleva a cualquier punto del país; reencontrarse con un amor; compartir amores y odios, propios y ajenos; llorar por la banda o guitarrear en los camping emulando al ídolo platense. No son los Redondos de Ricota,  es el Indio. No hubo un solo afiche, ni una propaganda en radio, tv y diarios. Sin esa estructura publicitaria la gente inundó Salta.

 

Después de 31 años el Indio Solari volvió a cantar en ésta ciudad, pero ésta vez con los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota habían conocido Salta en 1978, en pleno verano. Era su segundo concierto, donde hubo 7 personas arriba del escenario y no más de 5 escuchando (incluidos 2 comisarios).

Por todo lo anterior, Carlos Solari agradeció el sábado 19 desde el escenario la hospitalidad salteña; y que la gente hubiera llegado de todos lados para apoyar un emprendimiento privado y en el interior del país.

Salta vivió, respiró y agradeció la llegada de la tribu ricotera. La bienvenida fue tan cordial que era un tema recurrente entre los que asistimos a éste viaje y quedó con un sabor a querer volver. Y no es chamuyo flaco.

Algunos números se tallaron en diferentes medios electrónicos y de papel. Se calculó que Salta recibió alrededor de 500 micros; que se instalaron 800 carpas en los campings de la zona norteña; los hoteles fueron cubiertos en su totalidad e incluso se utilizaron hasta hoteles alojamiento para recibir a la gran tribu ricotera.  

 

Datos a tener en cuenta: el 19 de septiembre del 2009 Carlos “El Indio” Solari tocó en el Estadio padre Ernesto Martearena y esa misma noche Skay Beilinson se presentó en Buenos Aires en El Teatro de Flores.

El comienzo del recital del Indio fue con “Fuego de Octubre” y terminó con “Ji, Ji, Ji”.

Argentina fue señalada el 19/09/09 por el Dios Patricio Rey.

A las 21:30 hs. “Fuegos de Octubre” marcó el puntapié del recital del Indio y le siguió “Tomasito podés oirme/ Tomasito podes verme”  e inmediatamente “Martinis y tafiroles”. El cuarto fue un anuncio: “Me matan limón”. “El infierno esta encantador esta noche” fue el quinto tema que echó luz a la gran noche en el Martearena de Salta. Una noche redonda y de ricota.

Luego, Solari mostró su buen humor cuando dijo “ahora vamos hacer un tema que sepamos todos…” y se empezó a cagar de risa porque a todos se nos vino a la mente el personaje de Capusotto, y los músicos tocaron “Rock para el negro Atila/Divina tv Führer”. Más tarde volvió a recordar la broma y en un tono más tanguero de lo acostumbrado sonó desde el escenario “El arte del buen comer (Pituca)”.

 

Otro instante que quedó repicando en nuestros cuerpos fue cuando los Fundamentalistas del Aire Acondicionado pintaron con sus acordes “Todo un palo” a pedido de los mismos músicos. Según los memoriosos hacía 10 años que no se escuchaba ésta versión de la mano del Indio, desde el recital en el  Velódromo de 1999 con los Redondos.

A partir de ese momento todos los temas fueron iluminados por las bengalas que salían desde la cancha, las tribunas o las puntas de los alambrados del estadio.

Fue fiesta y sentimiento en todos lados porque uno cuando miraba al alrededor  sólo veía satisfacción. El haber hecho tantos kilómetros para una fiesta que duró casi 2 horas y media; dejar por unos días la familia por  amor a una banda; ir con sus hijos de 5 a 13 años y recorrer 4.100 km para ver al mito viviente. Fue comunión o creerse parte de una gran familia. Fue  como si se materializara el spot del Carpo Saloto: “rock and roll es actitud frente a la vida”.

Los tres últimos temas “Juguetes perdidos”, “Flight 956” y “Ji,ji,ji” -que cantó el Indio- selló una fiesta inolvidable. Fue el único recital del 2009 y muchos esperaban (incluido el Bebe Contempomi de La Viola) que Solari presentara algún tema nuevo, y no lo hizo.

El show terminó minutos antes de doce y la desconcentración fue tranquila por las calles de Salta. La ciudad volvió albergar a los mutantes ricoteros en sus bares y boliches. La noche los envolvió y preparó para que al otro día cada tribu volvieran en los micros de linea o contratados. Los campings recién abrieron sus ojos después del mediodía del domingo. Para ese entonces a los canillitas salteños no les quedaba más El Tribuno. En horas de la tarde la Terminal norteña era un hormiguero y en muchos casos los ricoteros seguían de caravana hacia las fiestas del estudiante y la primavera de sus pueblos. Fin de semana salvaje.

Todo había pasado en Salta. Solo cuando te bajás del auto, del bondi o de la camioneta que te trajo a dedo, solo ahí te das cuenta del lapsus de tiempo transcurrido; ese mismo tiempo que tuvo en sus manos El Indio, pero que sin duda alguna fue marcado por nuestro Dios Patricio Rey.

Es la única explicación racional. ¿Hay otra?

 

Texto y fotos por Oscar Livera