| Manu Chao en Neuquén: Crónicas de una visita impactante | ||||
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![]() Manu Chao es una enciclopedia en contra de lo establecido. En su primer arribo a Neuquén quedó comprometido con el pasado, con los pueblos originarios desplazados de su tierra; informado sobre el presente, autoproclamado embajador de la Fábrica Sin Patrones; y preocupado por el futuro, pendiente de lo que sucede con la explotación minera en Campana Mahuida. Por eso, y como en pocas ocasiones, decidimos dar en equipo nuestro parecer sobre uno de los espectáculos populares más enraizados con la historia de nuestra Patagonia. La fuerza que contagia el parisino es la misma que recibe de la gente. Esa retroalimentación generó por enésima vez que un medio especializado se rinda a los pies de su sencillez y su propuesta musical. Ya están avisados: objetividad cero. Gracias a vos, ManuEsa energía cósmica, poderosa, que tomó de rehenes a las seis mil personas que fueron el sábado al Ruca Che, fue algo jamás visto en estas tierras. Manu Chao tiene poderes especiales, tiene habilidades únicas, tiene el control absoluto de una ola de emociones que tiraba para un lado y para el otro del estadio, que volvía hacia él y la volvía a arrojar con más fuerzas. No se puede explicar de otra forma el hecho de que haya poseído de esa manera a los concurrentes durante tres horas seguidas sin un segundo de descanso, un bombardeo de mensajes, colores, sonidos… Unión. Fue una fiesta, “un agite tremendo”, como se escuchó por ahí, una demostración avasallante de lo que un músico profesional sabe hacer con su público. “Pase lo que pase, sea lo que sea”, este gran hombre se abrió la puerta de miles de corazones que ya sueñan con volver a verlo en ese querido playón del monstruo ceramista de la Ruta 7. Resulta casi imposible que, a la salida de un show, se escuchen sólo opiniones favorables, halagadoras y que no haya un pequeño grupo de disidentes criticones que esperaban más. En este show, nadie dudó en sentenciarlo como el mejor cierre de un año fantástico a nivel musical en la región. Ni una persona salió defraudada. Sólo se escucharon palabras de éxtasis, de disfrute y placer. De sorpresa y abrumación. Manu, gracias a vos. Texto por Romina Zanellato
Bienvenido el mesíasComo si fuera un hijo pródigo, respetado y adoptado, Manu Chao logró imponer otra vez su impronta, esa con la que defendió las causas universales como la del EZLN y la APPO en México, los Aberzale vascos o los obreros de Zanón en el caso patagónico. Por eso estremeció el momento en el que Curruf Nawel, representante de nuestros pueblos originarios, le dio la bienvenida en territorio Mapuche. Nada más cierto en la noche del Ruca Che: Radio Bemba sonaba en casa. El francés (nació en París, no en el País Vasco) ha logrado aferrarse a un proyecto musical inédito. Desde Los Carayos hasta Radio Bemba, sus conciertos son una feria esquizofrénica e interminable de paisajes del mundo. Los únicos ejemplos comparables en occidente a este tipo de experiencias son la No Smoking Orchestra de Kusturica, un grupo que nació y creció a la par de Mano Negra, y sus contemporáneos de Gogol Bordello. Por eso sigue convenciendo después de tantos años de conciertos, por su sensatez artística. Manu habla como canta y canta como vive. Los nuevos himnos del artista sonaron con la misma vigencia que sus antecesores: “La vida tómbola” y “Me llaman calle” fueron interpretadas al final del repertorio. Como durante sus últimos años, las canciones de “La Radiolina” fueron amalgamadas en la misma estructura en la que se instalaron las de “Próxima Estación Esperanza”. Del reggae al ska galopante sin escalas, canciones como “Panik Panik”, “Mr. Bobby”, “Machine Gun”, “Rainin' in Paradize” y la rúbrica con el “Radio Bemba” insoportable en el pogo. Fuera del trajín, destacadas del resto, “Mala Vida”, “Clandestino” y “Desaparecido” tuvieron vida propia y fueron aclamadas desde el campo y las gradas por las 5 mil personas que permite el Ruca Che y las otras mil quinientas que sobrepoblaron al agobiante gigante del oeste. Para los más acérrimos al círculo íntimo del parisino (nació en Francia, no en el País Vasco), la presencia de Tonino Carotone para interpretar tres canciones de factura propia fue un golpecito al corazón, como esos que se daba Manu con el micrófono para conmover a los fanáticos neuquinos. En el año en el que Tito Fuentes, Campino, Corey Glover, Vernon Reid, Sergio Rotman y el mismo Manu Chao estuvieron de visita por estos lados; los amantes de la grasada global celebramos la llegada de Tonino en momentos de “futuro incerto”. El cantautor no se quiso ir de nuestro país. “Pinocchio” sonó muchas veces y la gente no paraba de bailar. La última vuelta, dedicada a Zanón y con todas las luces del estadio encendidas, fue la que coronó su visita a tierra santa. Neuquén, agradecido. Texto por Nicolás Bustamante La foto de portada es de Oscar Livera, las que ilustran estás crónicas son de Paulo Tejeda
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