| Puré de manzana | ||||
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![]() Más de 70 mil personas se acercaron al predio, ubicado a la vera de la ruta 22. Con un clima amigable, ánimos de gritos, saltos y buena música, el público se fue amontonando poco a poco. La ronda de espectáculos arrancó con la participación de Siete Remedios. La banda de Villa Regina ya ha pasado por el escenario de la manzana en ocasiones anteriores, teloneando a músicos de la talla de Catupecu Machu y los Ratones Paranoicos. Bien recibidos por el público local, fueron los encargados de encender el fuego e ir calentando el ambiente. Los secundó Vasta Rabia. La agrupación fue ganadora del concurso de la manzana durante la edición del año pasado de la fiesta. Sobre las tablas, pura potencia. Dueños de un estilo y una actitud escénica destacable, demostraron que la Patagonia sabe rockear. Más tarde Los Cafres, con su reggae refinado, hicieron bailar a los presentes. Generaron ese clima de ritmo y armonía que caracteriza al género. Cómo si Selassie recorriera el lugar, aunque la banda va por otro palo. El show fue extenso pero parejo. Mantuvo la atención de los fanáticos que coreaban canción por canción con delicados movimientos de cabeza y con sus rostros mirando al cielo estrellado. Los no tan fanáticos, pasaron un momento ameno con un espectáculo sólido.
Notevagustar jugó de local. Con el público a sus pies y con una particular química y comunicación,. Su show estuvo compuesto por temas nuevos y clásicos de la banda. El toque murguero, el candombe y el reggae combinados con su potente rock o sus melodías sosegadas, convirtieron su presentación en un viaje de sensaciones que el público disfrutó. La devolución fue grande: aplausos, coros, saltos, llantos, cánticos. 70 mil almas a su merced, una buena paga por el feedback que generaron los uruguayos. Ya en el primer tema, el “Mono” Fabio demostró que es un showman y que Kapanga es desenfreno. Particularmente felices por ser la última banda de la noche, desplegaron su rock fiestero, colorido y energético. Sus canciones invitaron al pogo, y la masa de gente se veía como hormigas en plena labor. Durante la conferencia de prensa la banda se mostró contenta por participar nuevamente este año del Manzana Rock. “Es un festival que tiene la magnitud que tiene el Quilmes Rock o el Cosquín Rock” afirmó el Mono, el carismático vocalista de Kapanga. Su show culminó con un popurrí de canciones propias y algunos covers, combinados con juegos y diálogos en escena. Por supuesto, lo infaltable, la ola de cuerpos saltando y coreando esos grandes clásicos del rock, a veces poco tenidos en cuenta, pero coreados uno a uno cuando la ocasión se presenta. El espectáculo de Kapanga, poderoso. Aplastante. La manzana, hecha puré. Crónica y fotos por Andrés Stefani
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