Dread Mar I dio una clase de carisma
Domingo, 13 de Junio de 2010 14:38    PDF Imprimir E-mail
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Mariano vino a Cipolletti como el Heavyweight Champion del reggae love nacional. Sucede que por primera vez el nuevo género, explotado en nuestro país por esos inventores de todo dentro del estilo que han sido Los Cafres, es unipersonal. Dread Mar I se ganó el "cinturón" con sus últimos shows en el Gran Rex y será difícil que lo suelte.

Es decir, aunque el bajo reverberarte y los vientos absolutamente impecables nos lleguen a todos por igual en una auténtica cátedra sobre cómo debe sonar un espectáculo en directo, las 800 personas que disfrutan a mi lado con un trago en la mano vinieron a verlo a él, a ese que se hizo cargo y se paró dos metros delante del resto para ocupar el “corralito” del rock star y manipularlo a gusto y placer.

Ya no como previa sino en plan “banda anfitriona” de la fiesta, La Estafa Dub sacó las mismas credenciales de siempre, esas que los ponen varios escalones arriba del resto a nivel local y pidiendo espacio en las rockolas del país.

El repertorio del grupo neuquino en este 2010 es una mezcla del que compone su primer DVD mezclado con nuevos “feats” como la acertada inclusión del “Enano” Álex de San Lorenzo City haciendo un freestyle al palo con la banda in crescendo y otro final consagratorio.

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Con sus increíbles dreadlocks amontonados debajo de un precioso tam negro con los colores de Etiopía, Dread Mar I subió al escenario de Kimika. Desde el vamos, el protagonista de la noche es el joven bastión de una generación que creció escuchando a las bandas fundamentales del reggae en Argentina. Un frontman que eligió y ganó. Un prototipo, hoy puesto en un altar, cocinado a fuego lento gracias a una prolífica carrera (cuatro discos en cinco años, nada menos).

Por eso todo lo que ha hecho es meticuloso y pese a que la gente lo intente difundir a gritos, mantiene el perfil bajo típico de una persona calmada que prefiere sorprenderte en un show. Y ojo, hay que cuidar la compostura de Dread Mar I en momentos en los que además de cara visible de los posters y flyers es símbolo sexual (sin proponérselo, creemos).

Mariano ha superado con creces a Fidel Nadal en esto de hacer un stand up musical. Aunque hablamos de una variante distinta del género, Dread Mar I aguantó con compostura hasta el final del partido, poniéndose a toda la gente a su favor a fuerza de excelentes interpretaciones y un carisma increíble. Un saludo, un pasito para allá, un pasito para acá y el micrófono en alto para que la gente complete el estribillo. El grito femenino, las vuvuzelas en la noche cipoleña, no lograron interrumpir el excelente sonido de la backing band de Mariano. Impecable.

El repertorio de Dread Mar I se basó en principio en “Vivi en Do”, su último disco. “No convencerán”, “No corras”, “Vos y tu maldad”, “Si te busco” y “Sufro” fueron algunas de las canciones que la gente celebró, condenándolas a ser hit de Fm.

Con el transcurso del show incorporaron tracks “viejos” en medio de la aprobación indiscutida de los más prejuicios, incluso de aquellos que creemos que canta igual que la voz de Los Charros. Las bisagras del show fueron “El tiempo es muy malvado” y la nueva “Más allá de tus ojos”, en donde el coro que improvisó el público fue protagonista.

Mariano se sintió con la fuerza de un león en “Moisés” y decidió exhibir su increíble cabellera. “Es el momento de afanarle el gorro”, se escuchó entre la gente. Para culminar el show interpretaron “La verdad”, “Aunque digan”, “Promesas” (un poco de ritmo entre tanto roots romanticón, con los vientos bien arriba). Para terminar tocaron “De lejos”, quizás el nuevo gran clásico del reggae nacional.

En resumen, un show que derrumbó todos los prejuicios previos. El golpe de efecto de la figura de la noche, el gran cantante que se hace llamar Dread Mar I, fue demasiado imponente como para dejar pasar así nomás.

Mariano encontró como sacudir los cimientos del reggae roots para llevarlo, discos más, discos menos, finalmente a un estadio abierto. Llevará tiempo, sí, pero bien vale la pena intentarlo con esmero y cuidado. Así lo ha hecho hasta ahora.

 

Por Nicolás Bustamante con fotos de Paulo Tejeda