| Don Vilanova: Sencillo y contundente | ||||
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![]() Desde el principio fue una presentación atípica. Estaba todo pautado para empezar a las 22 pero el avión de la mañana despegó sin ellos. La ante sala del cine teatro Español estaba completa y se escuchaba la prueba de sonido de fondo. Entramos media hora después de lo establecido, pero no aguardamos mucho más. En cuanto la gente estuvo cómoda en las butacas, apagaron las luces y Don Vilanova subió al escenario. Simple, todo muy simple. A la vista no había más que instrumentos y sillas. Contabilizamos cuatro guitarras, una batería, un bajo, un teclado, las fundas rígidas en el suelo, cables sueltos, amplificadores. El anfitrión sólo se limitó a sentarse, entre aplausos por supuesto, y agarró una de las tantas guitarras para comenzar lo que sería un gran show. Dijo: “vamos a trabajar un poco”. Sonaron los primeros acordes e indefectiblemente se evocaba a la New Orleans Jazz Band. Cerrabas los ojos y se escuchaba un banjo, el resto de la banda era cuestión de la imaginación. Haciendo su versión del tema “Desconfío de la vida” siguió interactuando con el público y charlando (si se quiere) sobre el triunfo del equipo argentino en su debut del mundial. El slide en su mano izquierda y el cambio de guitarra dio pie justamente al siguiente tema “Slide Blues” y la resonancia del Delta del Missisipi se hizo presente. Fue inevitable escuchar eso y que no venga a la memoria la imagen de Clint Eastwood con su sombrero, su revolver y su cara de sospecha constante. Con el público atento a cada una de sus palabras agradeció la presencia de todos y destacó el gran esfuerzo por parte de la producción del show. Agregó también el reconocimiento para con la gente presente, por darle la oportunidad al estilo, al blues. Y sin dejar afuera la crítica, también se acordó de los muchos programas que no tienen en cuenta este género musical. Así, entre historia y anécdotas, se sumó primero el tecladista rosarino Ciro Fogliatta, personaje si los hay, con un pantalón de vestir que dejaba ver sus medias, de camisa, bien peinado y de muy buen humor. Luego apareció el dueño de la armónica, mientras el ex Botafogo contaba que “era un gurrumín que venía a molestarnos a los shows, que después fue creciendo para tocar la armónica así, como Franco Capriati”. Una historia después y mientras interpretaban “Días de Blues”, hicieron su aparición los dos últimos (pero no menos importantes): en el bajo Rafael Pravettoni y en batería. ![]() Luciano Scalera. Continuaron con “Siempre es lo mismo nena”, mezclándolo con un poco de interpretación teatral que se fusionó entre las risas y los aplausos de la gente. Bajando algunos decibeles hicieron su versión de “Imagine” de John Lennon, que si le ponías poca atención no te dabas cuenta de cuál era la canción en cuestión. Pero no duró demasiado la tranquilidad, ya que “para salir de tanta filosofía” le pidió a Ciro que eligiera un tema, lo cual hizo que sobre el escenario no quedara uno sin moverse y eso se reprodujera de manera instantánea en el público. Tal fue la energía que se generó, que cuando empezaron con “Poco a poco” apareció el cómico de la noche. Parado frente al escenario, con musculosa negra y agitando los brazos (cual recital de Pappo al aire libre) había un muchacho (como se dice en la jerga) haciéndole el aguante a Don Vilanova. Como era de esperarse el show continuó con normalidad, pero sin decaer un segundo entre solos de teclado, armónica y los acordes de Miguel, quién no dejó ni una nota afuera. Dejando en stand by los instrumentos, se tomo el tiempo de agradecer nuevamente. A los músicos de la región por haberles prestado los instrumentos, pidió disculpas por perder el avión y llegar tarde, haciendo responsable de esto a Ciro por haberse quedado dormido. Recordó al ex Soda Stereo Gustavo Cerati y dijo “le dedico a Gustavito el próximo blues y todos los que vendrán” lo que hizo que la gente vuelva a aplaudir. Antes de poder seguir, enganchó con una de las correas el soporte donde descansaban las guitarras, lo que devino en el “Huuuu” al unísono del público. Para cuando todo estuvo solucionado sus músicos habían desaparecido, para darle paso a los bluseros de la región que lo acompañaron en un puñado de temas. A esta altura, el show parecía el de un grupo grande de amigos que se había juntado a zapar. Don Vilanova tomó su lugar nuevamente en la silla acomodándose en escena como un músico más. De manera intermitente el cómico de la noche hizo sus reapariciones revoleando su campera como la Sole revolea el poncho en “A Don Ata” se quiso subir al escenario. ![]() La música cuasi melancólica, por momentos te llevaba a esa escena dónde están tirados todos al costado de una ruta con temperatura de 45° donde no existe un alma, esperando que alguien pase y los lleve a destino. Sonaron varios temas más, siempre con la misma fuerza que al principio sin denotar que habían pasado más de 2 horas. Cada uno presentó su sólo al tiempo que sonaba el último tema, para luego una vez parados todos frente al escenario recibir los aplausos y gritos permanentes de los presentes. De cualquier forma ese no fue el fin. Volvieron todos a sus puestos para la una última canción. Y sonó nuevamente… “No se por qué imaginé que estábamos unidos y me sentí mejor. Pero aquí estoy, tan sólo en la vida que mejor me voy” en esta oportunidad cantada por todo el público. Por Cris Rosales con fotos de Magdalena Azcazuri
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