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Caramba... en este teclado en el que se está escribiendo esta crónica hay como un ineludible halo de emoción flotando. Es fuerte, muy fuerte. Algo parecido a la sensibilidad medio moquera (por los llantos cortitos, esos de niño; no por otra cosa) que suele ganarle a uno cuando le tocan las fibras más íntimas. No es solo el teclado, es toda la pc, el estudio, quizás la casa toda. Acaban de reproducirse los títulos finales de “The story of Anvil” en el crystal player de la máquina. “The Story...” es el rockumental de Sacha Gervasi que cuenta la historia de Anvil, banda de power (¿speed?) metal canadiense que “nunca llegó a ser famosa y tenía todo para serlo”, ponele.¿Vieron esa película?: véanla. Ya. Descárguenla de aquí: http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/5117511/Anvil_-The-Story-Of-Anvil_-_DVD-RIP_-1-LINK_.html No creo mucho en las casualidades. Este documental llegó a mi máquina dos días después de haber visto a Destruction en vivo en Cipolletti porque mi hermano (heavy de alma, 43 pirulos) se acordó de haberlo visto y me lo recomendó luego de que charláramos obsesivamente durante horas sobre algunos viejos guerreros del metal de los ochenta del siglo pasado. Pero que bueno es que se mezcle la inevitable emoción que te deja esta película con lo vivido en Meet. ¿¿Cómo por qué??... porque para reseñar la actuación de una genuina leyenda de un metal aparentemente ido en el tiempo (ya veremos que tal vez no sea así), lo mejor -tal vez- sea no ser tan... mental. Tener el filo del corazón abierto. Que fue lo que durante una hora y monedas logró Destruction sobre el escenario cipoleño: movilizar fibras sensoriales. Mucho.
Arranquemos entonces con una palabra que es todo un concepto grosso en sí misma: TEUTÓN. ¿Viste que a Destru le dicen, entre otras cosas: “una de las más legendarias bandas del metal teutón”, lo has escuchado, no? Bueno, teutón es usado como simple sinónimo de germánico, alemán; pero en realidad tiene una raíz etimológica (un origen cierto) mucho más profundo. Teutón es el nombre que los romanos le dieron a una comunidad sumamente guerrera que habitaba (350 años antes de Cristo maso) en el norte de lo que hoy es Alemania. Y teutón era usado con cierto desprecio imperial (¿te suena el desprecio imperial? es el que hoy nos llama “sudaca”, ponele) para denominar a estos “bárbaros” belicosos e incapaces de hablar latín. Pero en el fondo (en la raíz misma de la palabra) había oculta una admiración que jamás te admitiría romano alguno: teutón viene de “teuta”, que significa “pueblo”... y muy pocas veces en la historia de la humanidad un pueblo es llamado “pueblo” para definir su propia característica. Puede sonar confuso, pero pensalo: el imperio llamaba “los del pueblo” (¡teutones!) a esta gente porque observaban que ESE era el rasgo que los caracterizaba: vivir apasionadamente por el pueblo. Gente directa, venal, sincera.
Entonces, poniendo en perspectiva la raíz del termino. Cuando a Destruction le decís “teutón”, quizás los estés definiendo profundamente. Problems
Tal vez los productores del show de Destruction en Meet no esten muy de acuerdo con esta definición planteada sobre la banda. Dicen que los alemanes se quejaron de casi todo. Los pibes de Black Vul Destructor (banda soporte valletana) seguro no lo estarán: los acusaron de “caretas”. No se si es pertinente entrar en detalles, ni si caben; pero es muy probable que dentro de la definición de “teutón” también entre cierto espíritu cabrón y greñudo. Más volvamos a la otra parte de “teutón”: aguerrido, felizmente bárbaro, guerrero. Porque con estas premisas es como quizás se pueda contar con bastante exactitud que pasó el lunes en Meet. No Problems
Ahora es el turno de Anvil entonces (¿los estoy mareando mucho?): quien haya visto el documental quizás haya sentido una directa e inmediata simpatía por la banda al ver los locales en los que tocaban un poco escasos en concurrencia de público (por no decir completamente escasos, en el caso de Anvil). La sensación de melancólica desolación que te da ver un lugar semi-vacío con el escenario montado es importante. Es como la no consumación del sueño del rock, ¿no? Así estaba Meet una hora y alguito antes de que subiera Destruction a escena. Entonces fue el turno de Infame, primera banda soporte. Bien che; solo que en ocasión de ser telonero de una banda, el heavy suele ser más ingrato que otros géneros. Un mal sonido no te resta puntos: te anula. Así es el heavy. A Infame le pasó. Ninguna de sus canciones de cinco o siete minutos de desarrollo pudieron escucharse bien. Ni mucho menos.
Distinta fue la suerte de Black Vul Destructor, quienes tuvieron la oportunidad de aprovechar una mejora sensible en el sonido general. Másssss... dirigieron sus energías hacia otro lado. No está mal eh. Dicen que lo de Black Vul Destructor suele ser siempre el escándalo. No está mal. El rock suele ser demasiado apacible y predecible. Un puñado de muchachos revoltosos sorprendiendo con incorrección sobre el escenario nunca viene de más eh. Pero tal vez les faltaría -que entiendan que esto es una simple opinión- concentrarse un poco más en la música. Si gritan que los Destruction son unos caretas que nos los dejaron entrar en su camarín ganan mi atención completa (¡porque están teloneando a Destruction caramba!), y si después me anuncian un cover de Sodom y amenazan con darme un poco de la lírica de aquel célebre “Obsessed by cruelty” (Aliston Crowley, papaaaa!!!!) yo presto más atención aún. Pero si el resultado es solo un cover discreto y algo deslucido... muchachos... ponganse un poco mas en apuntalar con el desparpajo que los caracteriza este otro tema (más allá de la imagen): lo musical. Después el "Carpo" Salotto me contó algunas anécdotas sobre el grupo que me ayudaron a entenderlo un poco más. Pero si necesitás tanto paratexto para apreciar la obra... no está bueno. Es como cuando vas a un museo de arte contemporaneo y te encontrás con esas obras tipo tres soldaditos de plastico pintados de dorado en una caja de zapatos que tienen que tener un cartel re largo explicandote por que son una obra de arte, ¿se entiende? El último comentario que me llegó sobre ellos, cuando terminaban su puteador concierto es que abrazan ideas nazional-socialistas... ¿será? Ojala solo sea una actitud adolescente inconformista como la esvástica en la remera de Sid Vicious, ¿no? De no ser así estarían en la vereda de enfrente del 99,9 por ciento del público que los estaba viendo esa noche... Cuchillito alemán
Bajan los Vul tras haber revoloteado el avispero. La gente que no estaba en la sala comienza a entrar. El “efecto Anvil” comienza a disiparse, la gente esta calentando (en el mejor sentido de la palabra) el lugar. Suena AC/DC, que siempre es un amor y efectivo para matizar cualquier espera, hasta la de un concierto de Miranda (Dios nos libre y nos guarde...). Un teutón camina el escenario ajustando todo de una manera precisa, quirúrgica; una manera muy... alemana. La gente quiere Destru.
Media hora más tarde la máquina asesina del metal alemán sube a escena. El delirio se produce: el impacto es arrollador. “Curse the gods” suena como un golpe zen de kung fu: contundente, exacto. No, no, no. No es un golpe zen: ¡¡¡es un golpe teutón!!! (claro...).
Pregunta: ¿Qué es lo que hace que un trío aferrado a su viejo sonido fundacional (década del ochenta del siglo pasado) aún mueva las cuerdas mismas de la emoción de una masa conformada por gente de entre 45 y 15 años?
Y... son muchas cosas. No todas verbalizables, no todas intelectualizables. Pero igual probemos, a veeeer. Primero hay que reconocer que el heavy metal es amor a lo genuino. Aquí -en este punto de “genuinidad” teutona- arrancamos con el caballo del comisario. Súmese ahora el estilo casi único de Sifringer para manejar la mano derecha (estilo copiadisimo por toda la generación posterior de violeros europeos y yanquis) y su sentido de la oportunidad para desparramar solos cortos, prolijos y corrosivos; a esto agreguese la dote sólida de Schirmer para llenar con su bajo -como con una pala llena de mercurio fundido- el sonido general de la banda. Nunca decae su estilo de tocar las bases; siempre brilla. Esto que se menciona (Sirfinger + Schirmer) es histórico. Ahora agréguese la mas “reciente” incorporación estilística: la batería de Dramowicz. El resultado -musicalmente hablando- no puede ser mejor.
Y hay más. También está lo que las canciones representan. El “alma” de las canciones no tiene que ver con los estilos, con las tendencias de sonido en boga al momento de grabarlas ni con nada de eso. Tienen que ver con lo que representan. Volvemos a Anvil. Dice Lip, el cantante, en el documental que lo que queda es la música, dice que ESA es la trascendencia. Destru la tiene, y la conserva. Si bien su “gloria” (convocatoria y auge, según el rock, son la gloria) fue durante el transcurso de tiempo en el que editaron sus tres primero discos (¡¡¡siiii, igual que Anvil!!! ), nadie puede desconocer que “Hate is my fuel” o “Church of disgust” del último disco representan los mismos valores de grito y denuncia al asco que suele ser este planeta que “Mad Butcher”, “Total disaster”, “Death Trap”, “Tormentor” o el increíble y nihilista “Life without sense”. Y todas esas canciones que menciono sonaron. Y en todas brilló su especificidad, su propio peso: su alma. Una gran banda es una banda con grandes canciones. Destru las tiene. A pilas. Y te las entrega salvajemente y en una dosis equilibrada; única.
 Por eso si la parte negativa de su “yo teutón” (viejillos de 50 guerreros-rezongones y cascarrabias) pudo haber disgustado a quienes tuvieron que soportarlos debajo del escenario, los que los disfrutamos arriba de él agradecemos a muerte el esfuerzo de los otros. Porque la parte positiva de ese poder teutón fue arrolladora, emocionante, digna de atesorar. Teutón, a más no poder. Con ese poder genuino que te da el amor por lo que haces. Como Anvil sí, disculpen que esté así de hinchapelotas. Debo estar algo viejo, ¿no?...
Texto: Fernando Barraza Fotos. Magdalena Azcazuri (
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