| Si la vida me da palos yo la voy a soportar | ||||
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![]() El compromiso de todas las bandas, desde la primera a la última, que pidieron que nos cuidemos entre nosotros. La coherencia de que Siete Puntas, fiesta sin fin, aparezca abriendo el festival como lo debería hacer siempre. El premio para las Cromosoma X tan activas y precisas, superando incluso los problemas de sonido para ponerse a la gente en el bolsillo con un clásico de Ska-P. La integración de los Oye Primate, amigos cuyanos que muestran los dientes y amagan con electro-cumbias auténticas. Entre banda y banda los saludos fueron llegando. De lugares impensados, de gente que ya sabe de qué se trata la Experiencia Zanón a miles de kilómetros. Estuvieron los referentes de la lucha que se mantiene en todo el país. Los papás de Otoño Uriarte y Florencia Penacchi, víctimas de la violencia de género, y los papás de los chicos del alto fusilados en Bariloche, víctimas de la policía de Saiz en Río Negro. Los gremios combativos del país, más firmes que nunca ante las contradicciones K, dieron también un marco clasista interesante: la conciencia social sin barreras del 2002 hoy es conciencia política partidaria al servicio de la Patria Peronista celosa. Y ese pelotazo en contra que es ver a Cristina pidiéndole al capitalismo más justicia social. Al capitalismo. En ese marco el “afuera” en Zanón, hoy sapagista con careta de conciliador, es tan hostil como lo fue el sobichismo. Si los actores son los mismos ¿por qué los obreros habrían de sentirse superados? Fasinpat recibió el abrazo eterno de nuestras Madres de Plaza de Mayo, siempre cerca de la juventud excluida. Aplausos por estar ahí, escalofríos por estas mujeres que siguen de pie y uno que parece tan chiquito con sus problemitas de consorcio. El festival tuvo su primer actor principal con Ciro Pertusi presentando a Jauría en nuestra región. La gloriosa marcha imperial de Star Wars y los aullidos dieron paso a un recital potente que tuvo su punto más alto con el grito en el cielo de “Dónde las Águilas se Atreven”, y la pareja líder de No Relax (Joxemi y Micky) como invitados. Después Arbolito, impecablemente rockero, trajo un show muy ensayado. Fueron “folklore” hasta que pisaron el escenario con “Manu” Varela de La Renga como acompañante de ruta con su saxo infinito. Músicos de la hostia delirando, improvisando con soltura y jugando a ser Los Redondos (“El pibe de los astilleros”) y dejando su bellísima ofrenda (“Un cielo mucho más claro”). Fueron de lo más destacado de la noche.
Como siempre, el viento frío hizo su visita de rutina para secar el sudor. Pero los renovados Bersuit estaban dispuestos a entregar el alma por la causa. En su nuevo rol de “banda recuperada” post-Cordera se tiraron con los tapones de punta luego de un show frustrado por el mismo tiempo patagónico. Clásicos, mucho compromiso para organizar a la gente, y la inspiradora actuación como invitado del “Cabra” De la Vega para hacer (¿por única vez?) la versión de Señor Cobranza que tanto debe haber odiado, esa que no es suya. Superados los conflictos, abrazados, dieron paso a lo que todos esperaban. Manu Chao vino a llevarse la energía que les quedaban a los casi 20 mil presentes. Muchos dijeron que La Ventura era un cuarteto de doce personas, pero lo que no muchos percibieron fue que esto es lo más cerca que se pudo estar del mito de Mano Negra. El desenfreno, la sensación de saber que esos músicos maniáticos son capaces de tocar diez horas seguidas sin perder la fuerza y el feedback con la gente. El cantante se apropió de todo su repertorio y lo regaló, completamente amoldado a esta formación y a este momento creativo en el que Magic tiene que cargar la viola eléctrica para llevarse toda la gloria. Casi tres horas de show agotaron hasta al más hiperactivo. Se despidió siete veces, siempre agradecido por la compañía del público y por todo lo logrado por los obreros. La consigna de la gira, “Se Fuerza la Máquina”, cobró sentido aquí. No hay que explayarse con halagos, simplemente dar las gracias a Manu por activar el engranaje y, como nos dijo él, abrir un nuevo círculo para fomentar el ejemplo sin patrones por todo el mundo.
Texto: Nicolás Bustamante |






