Yo estuve ahí
Miércoles, 30 de Noviembre de 2011 16:51    PDF Imprimir E-mail
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Ya era el 20 de noviembre del 2011, estaba en Neuquén, participando de la nueva edición del festival solidario en la ex planta ceramista Zanón, hoy recuperada por sus mismos obreros y rebautizada Fasinpat (Fábrica Sin Patrones).

El motivo: diez años de gestión obrera.

Ya lo había hecho antes con Attaque 77 en dos ocasiones y también había participado cuando estuvo León Gieco con Raly Barrionuevo, luego con La Renga y después con Ska-P. Era mi quinta vez en la fábrica más los diversos encuentros con los compañeros en festivales y recitales propios a los que los habíamos invitado a dar testimonio las diversas visitas de ellos mismos a recitales tanto en Neuquén como en ciudades cercanas, situaciones estas y tantas otras que forjaron mi unión con ellos.

Ahora estaba con Jauría, mis nuevos compañeros de ruta, otra vez en el playón de la fábrica. Subieron a cantar con nosotros Joxemi, guitarrista de Ska-P, quien estaba de gira con su banda paralela No Relax, junto a Micky, cantante de la banda.

Con ellos de invitados estrenamos la nueva versión de “Dónde las Águilas se Atreven” y se hizo carne, cobrando más sentido que nunca el viejo estribillo eterno: “¡Podrán pasar mil años, verás muchos caer, pero si nos juntamos no nos van a detener!”.
Estaba terminando el concierto de Manu Chao y yo dejaba la fábrica una vez más… No quería irme como siempre con el nudo en la garganta, quería irme encendido y  así fue.

Evité las despedidas, hoy más que nunca porque sé que mi destino me une a estas personas y sé que seguiré entrando una y otra vez a la fábrica… a veces con el nudo en la garganta, otras veces encendido como ahora.

Al irme el compañero ceramista “Kico” Esparza me pidió que escriba una reseña al respecto de la experiencia de este último festival solidario.  Comentando con una compañera por correo acerca de todo lo acontecido, me salieron estas palabras y decidí reciclarlas ampliando un poco más, ya que reflejan la emoción reciente mejor que nada...

Fue algo muy poderoso lo que volvió a ocurrir. Solo que en esta ocasión me quedó muy claro que por diversas razones este es el festival más importante de Argentina y uno de los más importantes del mundo.

Hasta el momento el record de convocatoria en todas las ediciones del festival lohabía tenía Rata Blanca, pero no había sido mucho menos La Renga y Ska-P. El nuevo record fue de 20 mil personas entre las que estaban adentro y afuera del playón.

No hubo ni un herido, ni disturbios. Hubo niños, perros, músicos de diversos estilos y lugares…Sin policía, sin seguridades…y como me dijo un amigo: “¿Te diste cuenta que esto está sucediendo dentro de una fábrica?”.

Estos muchachos organizan este festival y siguen manteniendo la línea de producción estable desde hace años, sin contar las diversas actividades solidarias que promueven dentro y fuera de la fábrica tanto en Argentina como en el mundo, concientizando que es posible una historia diferente.

Si a esto le sumamos el propósito y fundamento principal que nos movió a participar, los diez años de una utopía hecha realidad, creo que colapsan mis emociones intentando abarcar todo lo que implica.

Y es que esto no es una competencia para ver quién mete más gente. Nada de eso, justamente la característica de este festival es lo que ha hecho quebrar el record: el artista, la estrella principal del festival, es el festival en sí. Diez años de control obrero, ese fue el artista más aplaudido de la jornada. La gente se aplaudió a sí misma, a sus obreros sin patrón que son nada más y nada menos que ellos mismos proyectados al máximo de las aspiraciones encumbradas de la especie humana. A saber: trabajo digno, solidaridad, autogestión, respeto por el prójimo. Eso fue lo que más se aplaudió, el triunfo verdadero sin propaganda, sin punterismo, sin mafia sindical. El poder del amor llevado a cabo. ¿O a alguien le cabe duda de que esto se trata de amor?

Cierro los ojos y pasan muchas imágenes por mi cabeza. Las caras de mis queridos compañeros ceramistas, los caídos, los baleados, los perseguidos, “Boquita” Esparza en los corazones, Fuentealba muerto en la ruta, la represión de Sobisch, Mariano Ferreyra, Elsa Rodríguez, nuestros pueblos originarios que son verdaderos argentinos. Estos últimos ninguneados mientras escucho decir a nuestra presidente “argentinas… argentinos”. Me lleno de odio, trago mala sangre, abro mis ojos ante el playón de la fábrica lleno de compañeros, y respondmos a todo y a todos: “¡Aquí están, estos son los obreros sin patrón!”.

Me cito a mí mismo cuando me preguntaron qué significa Fasinpat para mí. Es volver a cree en la especie humana, es encontrar sentido a ser humano. Y corroboro esta cuestión cuando mi pequeña hija me dice al ver a los laburantes en la calle al sol: “Papá … ¿Quiénes son esos?”, y yo respondo: “Son los trabajadores, hija, los que construyen el mundo”.

Y ahí se va la enana repitiendo la fórmula por todos lado: “¡Mirá papá, los trabajadores que construyeron el mundo!”

Entonces sube al escenario el compañero Omar Villablanca, secretario del Soenc, y en su discurso dice: “Nosotros, compañeros, los trabajadores… somos los que construimos el mundo”.

Por eso, concluyo que en ese fin de semana me gasté toda la felicidad que podía tener en stock. Y ahora que acopio nuevas reservas sigo gastándolas a medida que voy percibiendo lo que vuelve una y otra vez tanto en mi cabeza como a través de todas las personas que participaron, los medios que cubrieron la experiencia, las redes sociales, etcétera.

Me consta, lo sé perfectamente. Todos los que estuvimos el 20 de noviembre en el playón de Fasinpat volvimos a nuestras vidas cotidianas a hablarles a nuestros seres queridos de lo que vivimos ahí. Yo me encontré haciéndolo tantas otras veces, así como cuando se siente la certeza de que tenés la buena nueva y la querés compartir con quienes deseas que hubiesen estado ahí. Y en definitiva, es para eso. Hay que ir, hay que vivirlo de cerca, estar en silencio, ver, escuchar y percibir.

Si uno está encerrado en sus problemáticas diarias de seguro cuando le termina de explicar todo esto se irá corriendo a ver qué pasa en los programas de chimentos porque piensa que se está perdiendo de algo importante. Y sí, se está perdiendo algo importante.

"Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas”, dijo Gandhi.

Por lo pronto sé que muchos como yo crecerán y el día de mañana les dirán a sus hijos, o nietos, o amigos: “Yo estuve ahí”.

¡Gracias compañeros ceramistas! ¡Fuerza Raúl Godoy y Ale López, obreros en la banca! ¡Gracias Manu Chao, Bersuit, Cabra de Las Manos de Filippi, Cromosoma X, Arbolito, Oye Primate, Siete Puntas y a todos los que hicieron realidad este sueño.

 

Texto: Ciro Pertusi, cantante y guitarrista de Jauría.