| "Allá a lo lejos entre vos y el cielo…" | ||||
|
![]() Después del grito seco de Ricardo Mollo cuando termina "Senderos", en Amapola del 66, y los golpes finales de Catriel Ciavarella en su batería comienza el hipnotismo: “Allá a lo lejos entre vos y el cielo…” Esa voz misteriosa pertenece a Germán Walter Choquevilca (en la foto, con mate en mano), poeta jujeño que dedicó la prosa de su vida al refugio de Mollo y Diego Arnedo: Tilcara. Divididos pisó por primera vez esa porción de suelo jujeño en 2000 y el impacto fue inmediato. Tilcara, pueblo de 10 mil habitantes en la Quebrada de Humahuaca, a 2.500 metros de altura, a 1.800 kilómetros del centro del mundo, Buenos Aires, se le metió por el alma y se transformó en canción. Dicen en Internet, los sabios de la cuestión, que ese primer show fue para presentar Narigón del Siglo, donde Mollo se conectó con los músicos y artistas locales, como Ricardo Vilca, leyenda del norte, autor del magnífico "Guanuqueando", pieza clave de Vengo del placard de otro. A partir de ahí, Divididos se acercó cada vez más a la hermosa provincia del norte argentino, no sólo en los potentes tambores de su sonido, ecos en el desierto y golpes en el corazón, sino en un arrodillado agradecimiento por la inspiración: allí, en Tilcara, presentaron el disco que tardó ocho años en salir a la luz. El 27 de marzo del año pasado fue la presentación de Amapola del 66, ellos llegaron una semana antes para filtrarse por la tierra jujeña. Hay mucho material en Internet para observar esa convivencia del rock y la puna. Disfruten: Sin embargo, no era de Divididos de lo que quería hablar. Era de Tilcara y la amada “Muchacha azul, Princesa Americana”. Choquevilca nació en 1940, escribió desde pequeño con el seudónimo de Juan Manuel del Surco. En 1984 publicó su libro “Los pasos del viento”, que grabó en un cassette del sello “El Huancar”, titulado “Tilcara, German Walter Choquevilca dice sus poemas”. Ese cassette le llegó a Mollo hace unos años, lo dejó reposar hasta que encontró la ocasión exacta para reproducir la voz del poeta jujeño, tan enigmática, tan serena y bella. Así, desde los Senderos de El Chañar, Mollo nos llevó a ver que nuestros antepasados no están en las ciudades, que los hemos olvidado, que ya no oímos al “cortejo de grillos escondidos” que arman un pentagrama del sonido de nuestra tierra. “Aire y luz allá en Jujuy” entona el cantante, en la crítica y la oda más hermosa a la dualidad de nuestra sociedad. Aún está ahí esa tierra dormida que Choquevilca describió con tanta maestría como “la matriz del viento, (el) origen de la sombra, ofertorio otoñal de las calandrias”, pero también estamos dormidos en los “bosques de hormigón”. Un año antes de morir, Choquevilca viajó al medio oriente acompañando al conjunto folclórico de Jaime Torres, conformando Las Voces de la Quebrada que fuera embajadora del canto en Israel. Y acá les comparto su letra, la que eriza la piel entre los bombos y los estadios. Fue Divididos hoy, pero antes muchos otros levantaron la voz de esta poesía maravillosa. Muchacha Azul, Princesa Americana: Y allá a lo lejos entre vos y el cielo la hidrográfica senda del huichayra pupila del ocaso interminable sueño indio sepulcro de la raza desde la noche oscura del incario hasta el alba naciente del mañana custodiaran el sol de tus umbrales los añascos cardones del pulcara matriz del viento origen de la sombra ofertorio otoñal de las calandrias duerme la siesta del maíz recundo sobre el tálamo gris de tus pisadas hasta que el hombre de la mano ruda abran en surcos la paz de tus entrañas abre tus brazos al rosal latino no levantes ni cercos ni murallas que tus mollares le den sombra y abrigo al criollo, al europeo y al aimara y que lleven tu nombre por el mundo muchacha azul, princesa americana cuando el verano te devuelva al rio y las noches se enciendan de guitarras un cortejo de grillos escondidos prenderán de tu nombre un pentagrama y desde el verde verán pasar nocturno junto al anfibio entonaran tu nombre Tilcara. Por Romina Zanellato |






