La amenaza fantasma
Lunes, 05 de Diciembre de 2011 12:42    PDF Imprimir E-mail
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Cómo nos cuesta entender el cambio. Nos ensañamos en averiguar si hay algo ilegal o no en compartir un contenido de audio, video o un libro. Nos molestamos en discutir particularmente cada caso, tratando de entender quién tiene o no tiene "culpa" y si este o aquel están en su derecho de reclamar dinero. Porque siempre es el dinero el que domina el juego y el que determina qué es legal o no. Igual no hacía falta esa aclaración, me parece.

¿Alguien te toca el bolsillo? Entonces es ilegal. No se puede hacer. Merecés la cárcel o un castigo tormentoso. Tiene que ser un ejemplo para el resto. De repente tenés una mira telecópica encima y vas derecho al tribunal a declarar por qué se te ocurre eso.

Enumero los casos recientes: las causas "fantasma" de Capif y las discofráficas contra usuarios que bajaban mp3 de Emule o Kazaa, el juicio contra Taringa! por subir libros sin permiso de sus autores, y el más reciente bloqueo a Cuevana por permitir el streaming de series on line sin el debito consentimiento de sus propietarios legales.

¿Son todos ellos culpables? Ante esta ley, la ley del mercado asentada en derechos reclamados en las décadas del 70 y 80, seguro que lo son. Es más, si por estas leyes fuera habría que estacarlos en plaza pública, después apedrearlos y finalmente ofrecerlos a una piara endiablada. Y bien merecido lo deben tener.

Ahora vamos a lo verdaderamente importante. ¿Se trata de una tribu aislada de nerds iracundos dispuestos a hackear todo lo que se les cruce para llegar a bajarse el primer disco de Pier? ¿Los que hacen esto trabajan desde un bunker metido a 50 metros debajo de la tierra cuan vietnamitas poseídos que se ríen tétrico? Y la más importante de todas: Señor juez...¿Su hijo nunca se descargó un disco de Taringa?

El "debate" no lo es. El tema se nubló entre denuncias,  recursos de amparo y abogados que discuten libertades, derechos y delitos.

Yo me refiero a las costumbres, a cambios que se han profundizado de hecho por el avance tecnológico sin tener que pedirle permiso a nadie, sin tener que ver si eso es legal o no. Se dieron por la inercia de los tiempos.

Hablo de la hipocresía de Musimundo, que te vende el disco original y en la góndola de enfrente te ofrece el reproductor de mp3 para las descargas (ojo, tienen que ser "legales", eh!) de marcas como Sony o Phillips, o celulares de empresas como Nokia, Samsung o Motorola con cada vez más capacidad para "contenidos legales". Es una gran farsa. Están subidos al carrito de lo legal y también ofrecen el soporte para lo clandestino.

Por otro lado el Estado y los artistas se aliaron con un fin errado. En vez de discutir sobre cómo llevar esta tecnología y facilitar el soporte digital para todos los habitantes del país (aunque eso significara el fin del disco o el libro o la película) se encargan de perpetrar una caza de brujas a gran escala contra los usuarios. Una persecución sin motivos claros. ¿Pretenden encausar a millones de argentinos, españoles, franceses o chilenos por esto? ¿De verdad nos tenemos que creer esa peli?

Soy hipotético y delirante, les aviso. Entonces tiro una pregunta al aire y me respondo a mí mismo: ¿Qué pasaría si, de repente, la raza humana descubre que es posible la telepatía y que podemos comunicarnos con otras personas en cualquier parte del mundo simplemente cerrando los ojos y pensando en el receptor de nuestro mensaje? La respuesta es "el aparato estatal, legal y de dominio de la opinión pública no podría hacer nada al respecto en defensa de las empresas de telefonía, que es lo mismo que pasa ahora con las descargas".

El reclamo es para que todos aquellos que saben que hay cambios tecnológicos que modifican el comportamiento de la gente, que propician un nuevo consumo de lo cultural.

Para todos los que saben que el acceso ya fue dado gratuitamente. Porque muchos sabemos subir cosas a Mediafire, como supimos compartir en el Ares. Es decir, enemigos en esta, que si se clausuran estas vías habrán otras.

Ahí es en donde no cierra el círculo. Cuando los que crearon un mainstream basado en campañas de prensa y copamiento de medios bancados peso sobre peso (o dólar sobre dólar) ven cómo otros protagonistas surgen de lo que para ellos es ilegal: un videoclip en Youtube, un disco ofrecido en Taringa o un cortometraje subido a Vimeo. Todas, hoy, vías cuestionables pero tan efectivas como legítimas para difundirse.

Y allí mismo es en donde aparece la contradicción. Cuando alguien sí pudo mostrarse por esas vías ilegales y se difundió con éxito. Cuando la "piratería" lo catapultó. Cuando por más premios recibas sabés que tu negocio de pautas en radio y televisión se está terminando. O, lo más importante en mi opinión, cuando no queremos reconocer que los medios de comunicación tradicionales se van borrando como la familia de Marty McFly en la primera de "Volver al Futuro".

El otro día me preguntaron si el advenimiento de los medios digitales era símbolo del fin de los medios escritos. Es decir si las webs noticiosas eliminarían al diario o a las revistas. Mi respuesta es: nada ni nadie puede asegurar que en un futuro próximo existan los medios de comunicación en cualquiera de sus formas.

El gran motor de todo es el temor. El miedo que genera la pérdida de guita, el fin de los intermediarios y del aparato que digita quién se puede sentar cerca de Lady Gaga y quien no. El miedo a quedarse sin laburo, el miedo a que la profesión no exista más. Al fin y al cabo, el miedo a perder la estabilidad en el sistema. Y mientras exista ese miedo, inventado desde bien arriba y derramado como todas las mentiras en este tiempo, va a ser muy difícil no pensar en meter en cana al primer infeliz que quiera compartir un disco que le gusta con el amor de su vida.

 

Texto: Nicolàs Bustamante ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla )