Leyes para sostener, no para voltear
Miércoles, 18 de Enero de 2012 12:35    PDF Imprimir E-mail
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Que no haya legislaciones en Internet no es justamente una ventaja. Lo de SOPA y PIPA, que salió y saldrá en la televisión por estos días, son dos ejemplos más de esos proyectos temerarios que usan la clase política y las corporaciones para provocar.

Estados Unidos no es el único lugar al que hay que mirar para ver qué es lo que propone como “solución a la piratería” el establishment. Desde hace años Francia y España son los países ejes de este debate, en donde ya se trataron de implementar medidas de este tipo sin éxito.

Lo preocupante es que el Estado, amparado en leyes que trata de imponer en la opinión pública (el caso emblemático en realidad es la Ley Sinde), intervenga en el problema a favor del más poderoso. Sarkozy y Zapatero no solo permitieron, sino que además impulsaron iniciativas tendientes a mostrar severidad buscando en cada caso la legitimación en el mainstream de la cultura. SGAE en España o Sadaic en Argentina son los ejemplos claros de que los mismos gestores del arte están confundidos bancando estas propuestas, incluso sin mucho convenicimiento sobre sus actos.

Desde mi punto de vista, el de alguien que trata de llevar adelante un sitio web dedicado a la cultura (con todo lo que eso representa), el problema no es SOPA o PIPA sino que tiene más que ver con la legalidad de las formas actuales de consumo de la cultura en todas sus formas.

Pienso que no está bien que no haya una reglamentación a cumplir, pero no por una cuestión de que me encanta que alguien me diga cómo, cuándo ni dónde puedo difundir la cultura. La causa principal es la necesidad de una protección real ante las medidas que se piensan implementar desde arriba.

Generalmente la gente que trabaja o gestiona sitios en Internet piensa que es mejor que no haya legislación, porque puede quedar menos expuesto o incluso impune ante sus acciones. Pero no ven cómo encaran el problema en Francia, por ejemplo, en donde el mismo Estado aprovecha esta ausencia de sustento legal para, por caso, borrar de cuajo un sitio web sin pedirle permiso a nadie. De a poco me meto en tema y me respondo varias preguntas fundamentales.

- ¿De quién es Internet? Del Gobierno de Estados Unidos
- ¿De quiénes son los dominios de cada sitio en Internet? De los Gobiernos de cada país o, en su defecto, del de Estados Unidos.
- ¿Quién te provee de una web? En la mayoría de los casos una empresa privada que no dudaría ni un segundo en borrar todos tus contenidos si su integridad es puesta en peligro por, por ejemplo, un político inescrupuloso o un grupo de corporaciones influyentes. Y tengo que aclarar que también, la mayoría están en Estados Unidos.

Ahí está toda la respuesta de por qué es mejor tener un marco legal y estar agrupados sosteniéndose entre compadres del mismo gremio. Internet ya no es un espacio anárquico. En pocos años las corporaciones se apropiaron de la web encausando los contenidos a debatir, implementando las mismas pautas de siempre para jerarquizar, clasificar y vender las noticias, la cultura y (obviamente) todos los productos que te ofrecen para que te satisfagas por la depresión que te producen. La cultura del miedo y el consumo que tan sencillamente explica ese engendro inteligentísimo que se hace llamar Marilyn Manson en este video.

Me disculpan porque vuelvo a Francia, a la ley que hace dos años trataron de implementar y me parece la base de todos estos planteos actuales sobre SOPA.

El primer intento fue bastante burdo. Quisieron obligar a las compañías de Internet a monitorear por su cuenta quién bajaba contenidos ilegales de la web para posteriormente quitarle la posibilidad de conectarse y hacerle pagar un año de servicio sin tenerlo. Esta idea fue largamente debatida y aprobada en 2009 con cambios, pero no la pudieron poner en funcionamiento por el "volumen de infractores" involucrados (unos 10 mil por día).

Después cambiaron de estrategia hacia una más violenta. Y se puede ser más violento, se los aseguro. Querían instalar un organismo gubernamental especializado que rastree cualquier link dirigido a un enlace descargable que no tenga permiso. A partir de esto el Estado se comprometía a perseguir y amenazar no solamente a quién había subido el contenido (por ejemplo a Megaupload), sino también a quien lo permitía en su sitio (por ejemplo Taringa!) y a quien proveía el hosting. La advertencia era "borrá esto o te cerramos todo por cómplice". ¿Les suena? Es la base de SOPA. Afortunadamente no prosperó esta iniciativa por una presión concreta de artistas y de los mismos usuarios que decidieron confrontar a sus colegas que apoyaban el proyecto.

Así las cosas, creo conveniente mirar hacia varios lados. Ver qué es lo que se piensa hacer luego de SOPA desde los lobbys tecnológicos y tener especial reserva en como un Gobierno como el de Sarkozy imagina el futuro de la web, porque será un ejemplo a seguir en otros países del mundo.

Por otro lado hay que activar una legislación y protegerse en varios aspectos tendientes a asegurar la continuidad de los espacios de difusión cultural actuales y futuros, sean locales o globales, sean gestores, comunicadores o consumidores (son todos necesarios).

No alcanza con hacer boicots o poner una pantalla en negro como protesta, hay que aprender a organizarse porque en este mundo virtual ahora también hay policías actuando como los peores matones de la cuadra.

 

Texto: Nicolás Bustamante