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En esta oportunidad (fin del 2011) Iorio habló dormido, tal como aquel que lo hace y nada de ello recuerda y mucho menos tiene conocimiento de lo que dice. Así, casi sin querer, nos permite cargar de contenidos sus palabras.
Que Iorio reprima sus sentimientos homosexuales nada más ni nada menos que comiendo animales, no hace más que ratificar el carácter político tanto de la heterosexualidad como del “simple” hecho de comer carne.
El cura es tentado por lo prohibido, por aquello que se corre de su norma, la que le impone su compromiso con Dios, redactada por su iglesia en los “libros sagrados”. Castiga sus pulsiones sexuales con el látigo (en un principio al menos, sin resignficación), es decir, intenta poner coto a la tentación disruptiva que viola el celibato. Castigo político de redireccionamiento normativo.
Iorio, por su parte, podríamos decir que así lo expresa, carga con sus propios Intentos de fuga “internos”, sus propias tentaciones de lo prohibido, posibles de ser pensados como disruptivos de la norma, de la heteronorma. Como el cura, el metalero castiga sus tentaciones “patológicas”, de atracciones homosexuales, con un sacudón de régimen político: comer animales. Castiga su intento de desvío e intenta licuar su culpa por ello con un redireccionamiento normativo, el de comer carne. Comer carne para Iorio es sinónimo de castigo, le hace daño, que es un daño normativo, en definitiva, un daño político. Texto: Facundo Vendavales
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